Cooperativa La Trilla

Cooperativa Consum Ecologic La Trilla

Recuperem El espejismo del crecimiento – Raúl Velasco

Recuperem aquest gran article del nostre cooperativista Raül Velasco.

 

 

 

 

 

 

 

El espejismo del crecimiento

Fines de semana en París, carne a diario, comunicación instantánea por
videoconferencia con la otra punta del mundo, ropas y calzados en cantidades
que cuesta saber que ponerse, sanidad, educación… Sean de mayor o menor
calidad, igualamos e incluso superamos el consumo de cualquier noble o
burgués de conocido renombre de hace un siglo. Sin embargo, no está tan
claro que seamos más felices que ellos o incluso de algún artesano de más
siglos atrás. No es nada nuevo, no por tener más se es más feliz. La paradoja
de Easterlin (Easterlin, 1974).
Mientras tanto, hace tiempo que nuestro consumo ya no se rige por
necesidades fisiológicas o de seguridad, sino por significados y funcionalidades
sociales que responden a necesidades psicosociales de aceptación,
realización, estima o reconocimiento (Max-Neef et al, 1986). Esto lo saben muy
bien las compañías de marketing que trabajan para conseguir que
consumamos lo que ellas quieren: no nos venden solo cerveza sino estilos de
vida o identidad mediterránea; no nos venden automóviles, sino filosofía y
distinción en anuncios que en muchas ocasiones ni aparece el coche
(Bourdieu, 1988).
Pero, ¿se puede ser más feliz con menos? Esto es lo que nos plantea el
Decrecimiento Sostenible (Martínez, 2008), una propuesta que se presenta
como la única viable para dar respuesta a complejos problemas como el
cambio climático, el agotamiento de materias primas, el desbordamiento de los
sumideros de residuos, las imprevisibles consecuencias del cénit del petróleo
(el cual se prevé para poco después de la recuperación de la actual crisis
económica y que ya dio muestras de su presencia con la huelga europea de
transportistas, agricultores y pescadores contra el alza del precio del petróleo)
(Sempere y Tello, 2008), la pérdida de biodiversidad (150 especies se
extinguen a diario por la actividad humana), las guerras por los recursos, la
desigualdad en el mundo (desde el Decrecimiento Sostenible se defiende que
otros deben de crecer y otros mantenerse, tiene en cuenta las vertientes medio
ambiental y social, ver gráfico), la Deuda ecológica (mientras América Latina
exporta 6 veces más toneladas que importa, la Unión Europea importa 4 veces
más toneladas que exporta). Todo ello reduciendo el PIB y
sin olvidar los elementos de bienestar sociales (Martínez, 2008).

El PIB no es un buen indicador de bienestar o de desarrollo, no valora lo que
no pasa por el mercado (Abdallah et al, 2011). Prueba de ello es que muchas
veces nos hacen más felices y valoramos más los bienes y servicios que no
pasan por él, los cuales no lo aumentan o incluso lo disminuyen: la comida
casera a la de fuera, una buena charla con nuestras amistades a la de un
psicólogo, el sexo de pareja al de la prostitución (aunque sea mercado negro),
unas fiestas populares a otras organizadas por una empresa de eventos, el
hospedaje en casa amiga a un hotel, o cualquier bien autoproducido como
pueden ser los tomates del balcón a otros que nos ofrezca el mercado. A parte
de todos estos motivos de cariz holístico, el mercado no tiene en cuenta las
externalidades ni medio ambientales ni sociales, y si un país regula más de la
cuenta estas externalidades las empresas tienden a deslocalizar su producción
con facilidad. Tales consecuencias vienen derivadas del sistema económico
actual, un capitalismo desregulado a niveles nunca antes vistos y que Raquel Leiva
condiciona de forma categórica las políticas sociales que puedan pretender los
Estados (Askenazy et al, 2011). El mercado manda más que los Estados, tiene
más poder nuestras elecciones de compra que nuestro voto político, y por
consiguiente, quien tiene más capital manda más. Nada nuevo tampoco, lo
hemos visto claramente en las maneras de salir de la crisis. El capital manda, y
el TIR sigue sin entender ni de derechos humanos ni de felicidad.
El reto ahora es encontrar los caminos para decrecer sin que esto cause
dificultades sociales ni de bienestar. Lo primero que hay que entender es que
no podemos esperar que estos caminos vengan dados por el mercado
neoliberal actual, no obtendrá ningún beneficio de esto, y
menos los capitalistas y rentistas que solo
invierten para hacer crecer sus beneficios económicos (Bellamy,
2011). El compartir es caminos a seguir, intercambio económico
uno de los sustituir el por el social nos lleva a reducir el PIB, pero no el
bienestar. Es decir, no hace falta que todo el mundo tenga un taladro si lo
compartimos, no necesito un coche o una bici si me puedo desplazar
mediante otros medios o existen de propiedad pública (el carsharing y el
bicing serian un buen ejemplo de este último caso).

Mediante el uso compartido podemos disfrutar de los mismos servicios sin
ostentar la propiedad privada sobre los bienes, lo que aumentaría la eficiencia de cada
bien producido reduciendo el impacto ambiental sin reducir el bienestar.
Otro camino es modificar nuestras pautas de consumo, cambiar hacia una
cultura menos intensiva en consumo de materiales, especialmente en los
bienes ligados a los mecanismos de reconocimiento y aceptación social en los
cuales hay un amplísimo margen de reducción. Hay que buscar cubrir estas
necesidades psicosociales mediante otros mecanismos que no pasen por el
mercado, dado que este busca crear constantemente nuevas modas y
planificar la obsolescencia de sus productos para que no paremos de consumir
y poder seguir así obteniendo beneficios a nuestra costa (Dannoritzer, 2011).
Por otro lado, podemos cubrir nuestras necesidades fisiológicas de otros
modos, estableciendo un contacto directo con el agricultor que producirá
nuestras verduras y hortalizas; pudiendo conseguir de manera directa y
cercana productos ecológicos y libres de transgénicos que nos den confianza.
Ejemplo de ello es la Trilla, una cooperativa de consumo de Barberà donde no
solo se adquieren productos de una manera más respetuosa con el medio
ambiente y los agricultores, sino que también organiza espacios de intercambio
social. A nivel local también encontramos un ejemplo de autoproducción, como
es el huerto ecológico de Cal Mosquit. Pero uno de los ejemplos más
paradigmáticos lo encontramos en el proyecto de Can Masdeu
(http://www.canmasdeu.net/) o el proyecto de la Cooperativa Integral Catalana
(https://cooperativa.ecoxarxes.cat/).

Por último, habría que apuntar la eficiencia como otro modo de reducir nuestro
impacto social y ecológico, pero el efecto rebote (o Paradoja de Jevons) apunta
limitaciones en este sentido: muchos de los avances tecnológicos que permiten
aumentar la eficiencia hace que los bienes sean más asequibles, y por lo tanto,
que su consumo aumente (Martínez, 2008). Normalmente, el número de bienes
consumidos aumenta mucho más de lo que lo ha hecho su eficiencia, dando
como resultado un mayor impacto medio ambiental.
En un mundo cada vez más interdependiente y globalizado, la opulencia de
unos tiene cada vez más conexiones y repercusiones con la pobreza de los
demás (Llistar, 2009). Sin embargo, el aumento de la distancia entre productor
y consumidor reduce nuestra capacidad de percepción, cada vez percibimos
menos las repercusiones de nuestro consumo, así como la de nuestro trabajo.
A esto hay que añadir la dispersión de responsabilidades resultado de la
inmensa división del trabajo, que hace la realidad cada vez más compleja y
desactiva las reivindicaciones sociales masivas y con ello la fuerza de los
movimientos sociales. Sin embargo afloran los fenómenos NIMBY (no en mi
patio trasero), ciudadanos organizados para luchar contra riesgos y amenazas
que perciben en su entorno inmediato, pero que no les moviliza si éstas se
producen lejos de su hábitat. El problema de estos colectivos es que no ven
más allá de su entorno inmediato y se suman en la incoherencia e
insolidaridad, pues no están dispuestos a prescindir de ciertos bienes y
servicios, pero no quieren asumir las externalidades de estos al lado de su
casa. Sin embargo, muchas veces están resultando los únicos puntos de
resistencia social a los imperativos del mercado capitalista y las externalidades
de éste.
Pero, ¿y por qué no Desarrollo Sostenible? Los decrecientitas opinan que
mientras se siga entendiendo el desarrollo como crecimiento económico, este
planteamiento es un oxímoron (Martínez, 2008). Se ha demostrado que existe
una estrecha relación entre el uso de materiales y energía y el crecimiento
económico, habiendo incluso países en los cuales aumenta la intensidad
material y energética del PIB. Es decir, para poder crecer un punto, cada vez
se necesitan más materiales y energía.
Resumiendo, nos quedan pocas vías de elección, o decrecemos de manera
voluntaria y permitiendo que los más pobres crezcan y el medio ambiente se
pueda sostener; o decreceremos por imperativo físico a través de catástrofes
climáticas producidas por el cambio climático o por las limitaciones energéticas
derivadas del fin del petróleo barato. Mientras la solución institucional a todos
los males parece ir en dirección contraria: consuman más para salir de la crisis.
Hay que retomar el desarrollo sometido a la voluntad social que es el único
sentido que puede tener, especialmente en la vertiente consumista,
productivista e institucional, las cooperativas de consumo como la Trilla en
Barberà que proliferan por todo el territorio, la cooperativa Mondragón o los
presupuestos participativos de Porto Alegre son buenos ejemplos de ello
(Wright, 2010), no es ninguna utopía. ¿Se suman?

Bibliografía

Abdallah, S., Mahony, S., Marks, N., Michaelson, J., Seaford, C., Stoll y
Thompson S. (2011). Measuring our progress. The power of well-being.
Londres: NEF (New Economics Foundation).
Askenazy, P., Coutrot, T., Orléan, A., Sterdyniak, H. (2011), Manifiesto de
economistas aterrados. Madrid: Pasos Perdidos y Barataria.
Bellamy Foster, John. (2011). Capitalism and Degrowth: An Impossibility
Theorem. En Monthly Review, Enero 2011, Volumen 62, Número 8. Nueva
York: Monthly Review Press,
Bourdieu, Pierre (1988): La distinción. Criterios y bases sociales del gusto.
Taurus. Madrid.
Dannoritzer, Cosima. (2011). Comprar, tirar, comprar. Documental disponible
en: http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-comprar-tirarcomprar/
983391/ Producción rtve y Media 3.14
Easterlin, R. A. (1974). Does economic growth improve the human lot? Some
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honor of Moses Abramovitz eds. P. A. David and M. W. Reder. London:
Academic Press, 89-125.
Llistar Bosch, David (2009). Anticooperación. Interferencias Norte-Sur. Los
problemas del Sur Global no se resuelven con más ayuda internacional.
Barcelona: Icaria.
Martinez, Alier (2008). Decrecimiento Sostenible: París, abril del 2008, en
Decrecimiento sostenible, monográfico de Ecología política núm. 35. Pág. 51-
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Max-Neef, M. et al. (1986). Desarrollo a escala humana: Una opción para el
futuro. Development Dialogue, Nº. especial; 9-93.
Sempere, J. y Tello, E. (directores). Carpintero, O., García, E., Giordano, E.
Marzo, M., Naredo, J. M., Puig, J., Riechmann, J., y Roca, J. ( 2008). El final de
la era del petróleo barato. Barcelona: Icaria Antrazyt
Wright, Olin (2010) Invisioning of real

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